La Trinidad es el término empleado para significar la doctrina central de la religión Cristiana: la verdad que en la unidad del Altísimo, hay Tres Personas, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, estas Tres Personas siendo verdaderamente distintas una de la otra. De este modo, en palabras del Credo Atanasio: "El Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios, y, sin embargo, no hay tres Dioses sino uno solo". En esta Trinidad de Personas, el Hijo proviene del Padre por una generación eterna, y el Espíritu Santo procede por una procesión eterna del Padre y el Hijo. Sin embargo y a pesar de esta diferencia, en cuanto al origen, las Personas son co-eternas y co-iguales: todos semejantes no creados y omnipotentes. Esto, enseña la Iglesia, es la revelación en relación a la naturaleza de Dios, donde Jesucristo, el Hijo de Dios, vino al mundo a entregarla al mundo: y la cual, la Iglesia, propone al hombre como el fundamento de todo su sistema dogmático.
La alegría del Adviento es la alegría de saber que Dios está pendiente del hombre, de cada ser humano, de ti y de mí. Que vendrá y nos salvará al fin de los tiempos, y hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche. Pero también es la alegría de la Encarnación. El Hijo de Dios se ha hecho hombre, como cualquiera de nosotros, para compartir nuestra vida y nuestro destino, para estar más cerca de nosotros. Para que podamos entran en comunión de amor con la Trinidad Beatísima. En los pueblos primitivos existía un cierto deseo de salvación, una aspiración profunda de que la divinidad de alguna forma intervendría en la historia para poner orden entre los hombres, para restablecer de alguna manera esa felicidad tan ardua de alcanzar que parecía perdida, imposible para el hombre. Ese deseo se convierte en una realidad cercana para el pueblo de Israel, el pueblo elegido. Así el Espíritu Santo a través del profeta Isaías, usando imágenes sacadas de la naturaleza, anuncia esa realid...
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