miércoles, febrero 25, 2009

Predicación en Antioquía de Pisidia


Pasado un tiempo, mis compañeros y yo embarcamos en Pafos hacia las costas de Asia. Llegamos a Perge, la ciudad más famosa de Panfilia, y provincia romana en aquel entonces. Me habría gustado que conocieras la monumental puerta de acceso a la ciudad, su acrópolis, el templo de Artemisa y la espléndida vía de veinte metros de ancha, adornada con pórticos.
En Perge surge una crisis entre mis acompañantes, y Juan Marcos decide volverse a Jerusalén. ¡Cosas de los grupos humanos! Así que no nos detuvimos a predicar. Tras el abandono de Juan Marcos, nos dirigimos al norte, por la vía que conduce al altiplano de la Anatolia Central. Te estoy mareando con tanto nombre, ¿verdad? Pero es que mi vida fue así, qué quieres que le haga. Tú, ten siempre abierto el atlas y no te perderás.


Desde aquí seguimos hasta el interior del altiplano, más allá de la cadena del Tauro, a la ciudad de Antioquía de Pisidia. Recuerda: sin aviones ni autobuses, estos viajes eran en malos barcos-¡si vieras cómo se movían cuando el mar estaba algo alborotado!-. Otras veces viajábamos a pie, con los consiguientes peligros de atracos, enfermedades y agotamiento… ¡Ah, apunta!: en Antioquia fue donde se llamó, por primera vez, cristianos a los seguidores de Jesús. Antes se les llamaba “los del camino”.

Después de 260 kilómetros, que los recorrimos, en pequeñas etapas, en unos diez días, Bernabé y yo llegamos a Antioquía de Pisidia, situada en la región de los lagos. Nos pusimos en contacto con la comunidad judía local. Y participamos en la asamblea festiva del primer sábado que pasamos allí. Cuando el responsable de la sinagoga invitó a los huéspedes, como era de costumbre, a tomar la palabra, yo me puse de pie, hice un gesto con la mano y comencé a decir –todavía lo recuerdo perfectamente-:
-Escuchen, israelitas, y también los extranjeros que sienten temor de Dios. El Dios del pueblo de Israel escogió a nuestros antepasados; hizo de ellos una nación grande… Uno de los descendientes de David fue Jesús de Nazareth, a quien Dios envió para salvar a Israel, como había prometido… Este mensaje de salvación es para nosotros… Pues los que vivían en Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús ni entendieron las palabras de los profetas… Pidieron a Pilato que mandara matarlo… Pero Dios lo resucitó… Por medio de él, todos los que creen quedan perdonados de todo aquello de lo que no pudieron obtener perdón bajo la ley de Moisés.


¿Sabes que ocurrió? Que cuando salimos de la sinagoga, nos pidieron que continuáramos hablándoles de estas cosas el próximo sábado. En efecto, siete días después casi toda la ciudad estaba reunida para oír nuestro mensaje. Pero cuando los judíos vieron tanta gente, se llenaron de envidia y empezaron a contradecirme e insultarme. Entonces yo, hablando con valentía, les dije:
-Tenía la obligación de anunciar el mensaje de Dios, en primer lugar a ustedes, que son judíos. Pero ya que ustedes lo rechazan y no se consideran dignos de la vida eterna, nos vamos a los que no son judíos. Porque el Señor me ha dicho: “Te he puesto como luz de las naciones, para que lleves mi salvación hasta las partes más lejanas de la tierra”.



La entrada de paganos en la Iglesia de Cristo creó un pequeño conflicto, que te explico brevemente: los judíos convertidos al cristianismo opinaban que la circuncisión… ¿Sabes lo que es eso? ¿No? Pues, míralo en un buen diccionario… y otras prácticas judías debían ser observadas por los paganos que se incorporaban al cristianimo.
Este fue también, como el Concilio de Jerusalén –del que más adelante te hablaré- un momento trascendental para el futuro de la Iglesia de Jesús. Y de aquí me viene a mí el sobrenombre de Apóstol de los gentiles, paganos o no-judíos, que los tres nombres significan lo mismo.


Tomado del libro: "San Pablo, Viajante por amor"; Paulinas-Venezuela.Colección Humanidad 4; P. Manuel Rodriguez Espejo, Sch. P

martes, febrero 17, 2009

Primer Viaje Misionero


Fíjate bien: después de tener que salir a la ligera de Jerusalén para evitar que me mataran los judíos intransigentes, y tras un breve periodo en Cesarea y Tarso, fui a las regiones de Siria y Cilicia, donde prediqué durante catorce años.
Para que no te hagas un lío, recurre otra vez al atlas o a una biblia de esas que tienen láminas con mis viajes, y yo te ayudaré con las fechas. Veamos: mi experiencia del camino de Damasco fue el año 34 después de Cristo. ¿Estás ya situado? Mi primera visita a Jerusalén, el 36. El primer viaje, en el que visité Chipre, Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe duró hasta el año 48- siempre después de Cristo-.
En Antioquia, la metrópoli de Siria y centro estratégico para las comunicaciones entre Occidente y el cercano Oriente, existía la primera comunidad cristiana mixta, formada por judíos y paganos que acogieron el Evangelio.
Se trataba de un cambio decisivo que marcaría el futuro de la Iglesia de Jesús, pues aquí se anunció por primera vez el Evangelio del Señor a los paganos, es decir a los no-judíos.

De Antioquía a Chipre
En la joven comunidad cristiana de Antioquía había maestros y profetas (Bernabé, Simón el Moreno, Lucio, Manaén…) Cuando yo me incorporé, ocurrió que cierto día, mientras estábamos celebrando el culto al Señor, sentimos que el Espíritu Santo pedía a la comunidad que Bernabé y yo fuésemos enviados a predicar a Chipre. Los hermanos oraron y ayunaron durante varias jornadas. Después nos impusieron las manos, como señal de envío misionero, y nos despidieron.
La imposición de las manos es un gesto que expresa de un modo visible no solo la invocación de los dones de Dios sobre quien recibe la imposición, sino también la confirmación de su misión y participación en la obra del Señor.
Chipre es la mayor isla del Mediterráneo oriental. Tiene unos 225 kilómetros de largo y unos 96 de ancho. Cuando los hermanos nos despidieron, nos dirigimos al puerto de Seleucia, acompañados de Juan Marcos, originario de Jerusalén.

Desembarcamos en Salamina, el puerto oriental y segunda ciudad de Chipre. Allí había varias sinagogas, donde predicamos. Nos detuvimos poco en esta ciudad, porque nuestra meta era la capital de la isla. Atravesamos toda la isla. Ya ni recuerdo cuánto tiempo tardamos en llegar a Pafos. Pero lo que no he podido olvidar es que la primera persona que encontramos fue un tal Bar-Jesús, un mago y falso profeta, que estaba al servicio del Gobernador de la isla.
Un día que el Gobernador nos llamó, con deseos de escuchar la Palabra de Dios, tuve un enfrentamiento furioso con Bar-Jesús, que trataba de impedir que el Gobernador se convirtiera. Lleno del Espíritu Santo, lo miré fijamente y, sin poder contenerme, le grité:
-¡Mentiroso, malvado, hijo del diablo y enemigo de todo lo bueno! ¿Por qué no dejas de torcer los caminos rectos del Señor? Ahora el Señor te va a castigar: vas a quedar ciego y por algún tiempo no podrás ver la luz del sol. Inmediatamente quedó en total oscuridad, y buscaba que alguien lo llevara de la mano porque estaba ciego. Al ver esto, el Gobernador creyó, admirado de nuestra enseñanza acerca del Señor Jesús y su poder.

Tomado del libro: "San Pablo, Viajante por amor"; Paulinas-Venezuela.Colección Humanidad 4; P. Manuel Rodriguez Espejo, Sch. P.

martes, febrero 10, 2009

Apóstol por la Gracia de Dios


Te quiero contar ahora lo que después se ha llamado mis viajes apostólicos. Pero antes, déjame que te señale algunas fechas de mi vida, para que me sitúes mejor. Yo vine a nacer casi a la par de Cristo. No te extrañe que no sepa la fecha exacta, porque entonces no teníamos tantos documentos como ahora. La caída del caballo, que cambió el rumbo de mi vida y marcó mi conversión, fue uno o dos años después de la resurrección y ascensión de Jesús. Mi primera visita a Pedro- San Pedro le llaman ustedes hoy- tuvo lugar dos años después… Pero ahora me doy cuenta de que no te he dicho nada de esta entrevista con el jefe de la Iglesia. Perdona.

Desde la experiencia del camino a Damasco y la visita de Ananías, yo siempre me consideré un auténtico apóstol, como Pedro, Santiago, Juan, y los otros. Pero a la vez, me sentía como el menor de todos ellos, indigno de ese nombre.
Solo por la gracia de Dios fui lo que fui, e hice lo que hice. Y puedo decir que trabajé más que los demás. ¡Bueno, no yo, sino la gracia de Dios conmigo! Lo dije muchas veces y te lo digo ahora a ti: fui conquistado por Cristo Jesús y olvidando lo que dejé atrás, me lancé de lleno a la carrera para conseguir el premio al que Dios me llamaba desde lo alto por medio de Cristo Jesús.
¡Cómo me gustaría, amigo querido, que tú también te lanzaras a la carrera para cumplir la tarea que Dios te encomiende!
Te iba a contar mi primera entrevista con Pedro en Jerusalén. Perdóname otra vez, pero es que las palabras y los recuerdos se amontonan “en mi corazón” ¿Te has fijado que he dicho “en mi corazón” y no en mi mente” Sí, porque las cosas de Dios tienen como destino el corazón, que es el motor de toda persona humana.

Tan pronto como recobré la vista y me recuperé de las emociones de aquellos días, me lancé a predicar en torno a Damasco y me dirigí a Arabia, que en mi tiempo era la zona transjordánica al norte y al sur del Arabá, desde el mar Muerto hasta el mar Rojo. Vas a tener que tomar otra vez el Atlas, para que te sitúes.
Al volver a Damasco, yo discutía con los judíos, demostrándole que Jesús es el Mesías anunciado por nuestras escrituras. La gente se maravillaba y se preguntaba: ¿no era éste el que vino aquí para llevar encadenados a los seguidores de Jesús ante los sacerdotes judíos? Y se pusieron de acuerdo para capturarme, colocando guardia, día y noche, en las puertas de la ciudad. Conocí sus planes y ¿sabes cómo escapé de sus manos?: haciendo que unos amigos me descolgaran en una cesta desde una ventana por los muros de la ciudad. Así escapé.

Luego de la fuga de Damasco comencé lo que se ha llamado “mi misión” –la tarea que me había encargado el Señor-. En veinte años evangelicé desde Siria y Cilicia hasta Asia y Grecia. Todo acabó en Roma. Ya te enterarás. Pero, vamos a lo inmediato: tras la fuga, vino mi viaje a Jerusalén, donde la mediación de Bernabé eliminó el titubeo de los cristianos y de los Apóstoles acerca de mi conversión y mi predicación, y prediqué por un corto tiempo, discutiendo con los judíos de la lengua griega. Éstos se organizaron para matarme, pero los hermanos cristianos al enterarse me acompañaron hasta Cesarea y de aquí a Tarso, mi ciudad natal. Fue mi primer encuentro informal con Pedro, la cabeza de la Iglesia. Bernabé se convirtió luego en un gran compañero en mis viajes apostólicos, al que tomé mucho cariño. Y él a mí.

Tomado del libro: "San Pablo, Viajante por amor"; Paulinas-Venezuela.Colección Humanidad 4; P. Manuel Rodriguez Espejo, Sch. P.

jueves, febrero 05, 2009

Dios elige a Pablo ser Apóstol


Después de lo ocurrido en Damasco y una vez que recobré la vista recibí el encargo del Señor mediante Ananías al cual me dijo que Dios me había escogido para ser testigo ante todo el mundo y contar lo que había visto y oído.

Yo iba de sobresalto en sobresalto. No sabría decirte qué me produjo más impresión: si la luz que me cegó y tiró del caballo, las palabras de Jesús o de este mensaje que me acababa de comunicar Ananías. Como buen judío, conocía que Dios había hablado a Moisés y muchos de los profetas. ¡Pero, chico, es distinto que te hable a ti! Conocía también que Jesús de Nazaret había dado la vista a un ciego de nacimiento, porque se supo por toda Palestina. ¡Pero que a mí, el perseguidor de los discípulos de Jesús, me hubiera escogido para ser testigo suyo ante todo el mundo, eso era demasiado!
No acabaron aquí las sorpresas. Cuando regresé a Jerusalén fui al templo a orar, y tuve una visión. Vi al Señor, que me dijo:
Date prisa, sal rápidamente de Jerusalén, porque no van a hacer caso de lo que cuentas de mí.
Yo le dije:
Señor, ellos saben que yo iba por todas las sinagogas y llevaba a la cárcel a los que creían en ti, y que los golpeaba, y que cuando mataron a tu discípulo Esteban, que daba testimonio de ti, yo mismo estaba allí, aprobando que lo mataran, e incluso cuidé la ropa de quienes lo mataron.
Pero el Señor continuó:

Ponte en camino, que voy a mandarte a naciones lejanas, a sus gobernantes, y al pueblo de Israel.
Hoy día ustedes se han aflojado bastante en la fe y esto de visiones y audiciones de la Palabra de Dios les puede parecer muy extraño, pero créeme que Dios sigue comunicándose. Todo es cuestión de intimar con él. ¿Te gustaría tener una visión de Dios o escuchar su voz? No te preocupes si no se te da, porque al fin y al cabo lo importante no son estos fenómenos extraordinarios, sino entregarte al Señor.
Más de una vez di testimonio de lo que hice contra los cristianos antes de mi conversión:

Yo perseguí a muerte el camino cristiano, encadenando y encarcelando a hombres y mujeres. Y de ello pueden dar testimonio el mismo Sumo sacerdote y todos los miembros del consejo judío…Mi furia contra los discípulos de Jesús llegó a tal extremo, que los perseguí hasta en las ciudades extranjeras.
Pero con la misma sencillez y verdad, repetí también muchas veces que no fui desobediente a la visión celestialPor el contrario, fue predicando a los habitantes de Damasco, de Jerusalén, de todo el territorio de Judea y a los paganos, invitándoles a que se convirtieran a la fe verdadera en Cristo Jesús. Y consté que este comportamiento, esta obediencia al encargo que había recibido de Jesús, me costó muchos malos ratos e incontables sufrimientos. Seguir a Jesús no es fácil, pero ¡es maravilloso!

Si tú lo pruebas, lo podrás comprobar. En Antioquía, en Iconio, en Listra… padecí persecuciones y pruebas. ¡Cuántas persecuciones he sufrido y de todas me ha librado el Señor! Todos los que quieran llevar una vida digna de Jesucristo, sufrirán persecuciones.


Tomado del libro: "San Pablo, Viajante por amor"; Paulinas-Venezuela.Colección Humanidad 4; P. Manuel Rodriguez Espejo, Sch. P.